Human+Kind: la historia de Diana

10 de marzo de 2016

Diana. Crédito por la imagen: Carlos Rodriguez, voluntario de la Cruz Roja

La migración afecta las vidas de millones de personas en los Estados Unidos, las Américas, y en el mundo. El proyecto de Human+Kind intenta subrayar las historias de los migrantes en las zonas fronterizas de los EE. UU-México y el trabajo de las organizaciones humanitarias que las apoyan, incluso el trabajo de la Cruz Roja. Para más información de este proyecto, haga clic aquí

“Yo nací en Tejas. Viví en los Estados Unidos por mi vida entera, más de cuarenta años. Vine a Tijuana por el amor de un hombre, persiguiendo el novio. Él fue deportado. He estado aquí por más de dos años, trabajando en un lavado de autos en un estacionamiento. Es una manera de sobrevivir. Es difícil encontrar trabajo aquí. Ellos quieren mujeres jóvenes, 20 a 30, y si no eres no te van a contratar. Estás sola.

 “Es muy difícil vivir aquí. No se gana suficiente dinero, comparado con el salario mínimo en California. Ganas cinco a diez dólares por día aquí. Es suficiente para comer y alquilar su propio cuarto. No es suficiente para ir a la discoteca o vestirse como una estrella de cine.

 “La cosa más triste que veo de estas deportaciones es que el gobierno no ve los niños que están afectados. Los niños quedan traumatizados. Veo muchos padres aquí. Lloran mucho. Ellos hablan de sus niños que no habían visto en anos, y piensan si a los niños les gustan como padres. Es muy triste. Oigo estas historias todos los días de mis amigos.

 “He estado tratando de ser fuerte. Tienes que aguantarte. Es una lucha aquí todos los días. Te puedes quedar atascado aquí en Tijuana.

 “Quiero conseguir un abogado para ver si puedo conseguir un indulto para mi novio. Es la única manera de volver. La frontera es muy segura ahora. Es difícil cruzar.

 “Mis niños lo necesitan. Todos los días los oigo en mi mente preguntando cuando su padre volverá a la casa. Estas son las palabras más difíciles de oír – cuando mi niña de nueve años preguntó si que había llevado a su padre a la casa en el Greyhound. Tuve que decir, ‘No esta vez, mi amor. Quizás la próxima vez puedo ponerlo en el maldito autobús. Quizás puedo traerlo a la casa a tiempo para la Navidad.’

 “La persona quien más admiro es Cesar Chávez. Él marchó por todo California para que pudiera se sepa que deben tratar a los mexicanos como todos los demás ... y no discriminar a los mexicanos porque estén en la cárcel”.

Hermanas perdidas reconectadas por la Cruz Roja

09 de marzo de 2016

 

Marta Lysnewycz Kruk en su casa con fotos de su hermana, Vassia, y su madre.

 

Articulo por Krista Schilling, director del programa de servicios internacionales regionales, Seattle, Washington

 

Marta Kruk Lysnewycz nació en Hai, Chernigovskaya oblast, Ucrania en 1926. Actualmente ella vive en Sandpoint, Idaho con su hija, Christine Lysnewycz Holbert. Después de sobrevivir el genocidio de Stalin del pueblo ucraniano conocido como Holodomor o "Muerte por inanición" en 1932-33, Marta fue llevada a un campamento de trabajo forzado en el Alemania de Hitler cuando ella tenía 17 años de edad. Ella perdió todo contacto con su madre y sus nueve hermanos.

 

Mientras que ella estaba en trabajo forzado en Alemania, ella se casó con un partisano Ucranio. Debido a sus actividades políticas durante la segunda guerra mundial apoyando la libertad de Ucrania del dominiosoviético, Marta no pudo buscar su familia después de la guerra. Durante décadas, no sabía lo que les pasó a sus hermanos, hermanas o a su madre; tenía demasiado miedo de los soviéticos para empezar una búsqueda.

 

En 2013, la hija de Marta llamada Christine vio un anuncio en línea para SeniorWish.org y, allí, decidió escribir sobre la turbulenta vida temprana de su madre en Ucrania y Alemania, devastados por la guerra; y para preguntar si podrían ayudar a encontrar información sobre lo que sucedió a la familia de Marta durante y después de la segunda guerra mundial. Estaban intrigados por la historia de Marta y comenzaron el proceso intentando de descubrir si algunos de los hermanos de Marta estaban todavía vivos.

 

Marta era la segunda niña más joven en la familia Kruk, y por eso la búsqueda comenzó como una búsqueda de información sobre su hermana menor, María, quien, debido a su edad más joven, todavía podría estar viva. La corrupción rampante y el acceso limitado a los registros cruciales dejaron a Marta y su hija dudosa de que se encuentre alguna información. Después de muchas salidas nulas y exigencias a cambio de información, SeniorWish decidió finalmente que no será posible encontrar la familia de Marta. Sugiere ponerse en contacto con la Cruz Roja. Marta estuvo de acuerdo.

 

SeniorWish contactó el programa de la Cruz Roja llamado Restauración de Vínculos Familiares en nombre de Marta para ayudar a localizar a Maria. En definitiva, Restauración de Vínculos Familiares encontró registros que revela que Maria, nacida en 1930, había fallecido en 2008. Después de tantos años de no saber el destino de su hermana, la noticia dio cierre para Marta y su familia.

 

La Cruz Roja también descubrió los certificados de nacimiento y muerte de los otros hermanos y hermanas de Marta, dando más información que Marta y su familia nunca esperarían recibir. Ellos agradecían tener conocimiento sobre la familia ucraniana de Marta, especialmente de que su madre logró a tener más de ochenta años. Marta estaba agradecida por las noticias sobre su madre y sus hermanos y pensó que ésta iba a ser el final de la historia.

 

Sin embargo, sin el conocimiento de Marta, la búsqueda de la Cruz Roja continuó y un par de años después de que la búsqueda inicial había empezado, la Cruz Roja reveló una sorpresa. De esta grande familia de diez hermanos, la hermana mayor de Marta, Vassia, quien fue tomada para trabajo forzado y se creía ya muerta, en realidad vivía en un pueblo remoto y rural en Ucrania. A los 92 años, ella vive sola y no tiene teléfono.

 

Con la ayuda de la Cruz Roja, las hermanas, separadas por 72 años, fueron recontectadas. Marta recibió una carta de Vassia, una foto tomada por representantes de la Cruz Roja y una foto de la madre de las hermanas. Una llamada de Skype fue facilitada por la Cruz Roja.

 

Vassia sabía la primera pregunta que su hermana Marta le preguntaría: ¿Qué pasó con su madre? Esta fue la pieza más importante de la noticia de que Marta podría haber conseguido, explicó Christine. "Le dio tanto alivio al saber que su madre estaba bajo el cuidado de su propia hermana, hasta que ella murió de causas naturales y la vejez".

 

Las dos hermanas, al principio tan abrumadas por la duración de su separación, apenas sabía de qué hablar. "Pero entonces hablaron, vacilante, por aproximadamente una hora," Christine contó. Añadió que su tía envejecida quiso vestirse bien para la ocasión. "Ella le pidió a alguien que le prestara un poquito de ropa más elegante para usar para la llamada de Skype".

 

La reunificación de las hermanas Kruk, tomando en cuenta las trágicas circunstancias de su separación y ahora, su mayor edad y la distancia entre ellas, es un evento que desafió las probabilidades. También alumbra el profundo impacto del programa Restauración de Vínculos Familiares de la Cruz Roja, y su capacidad de ir más allá de las fronteras, distancia, y acontecimientos históricos para juntar a los seres queridos otra vez.

 

Si usted o alguien que usted conoce está buscando sus seres queridos, la Cruz Roja puede ayudar. Usted puede visitar redcross.org/reconnectingfamilies para obtener más información o haga clic aquí para comenzar su búsqueda hoy.

Un vistazo dentro de la vida de un refugiado

26 de febrero de 2016

La región de Kigoma, Tanzania. Ntirabampa y sus niños se sientan fuera de su carpa en el campo de refugiados de Nyarugusu. Crédito por la imagen: Lynette Kamau, CICR              

Artículo del Comité Internacional de la Cruz Roja

Para conectarse con familias y amigos en Burundi, Michel Ntirabampa utiliza el servicio gratuito de llamadas telefónicas de la Cruz Roja. Él ha estado viviendo en el campo de refugiados de Nyarugusu en la región de Kigoma de Tanzania.

"Estoy feliz de hablar con mis familiares quien aún todavía están en Burundi", él dice.

En este día las mujeres muelen la yuca caliente en una artesa de madera al lado de la carpa de Ntirabampa. La yuca está casi lista pero las mujeres dicen que necesitará unos minutos más de moler. Es un trabajo tedioso que requiere de tres a cuatro mujeres para asegurar que la yuca esté bien machacada.

Ntirabampa está sentado fuera de su carpa con una mirada tan fija como que estuviera mirando una tierra lejana, juzgando por su mirada. Es un día tibio, un descanso de las lluvias que han estado regando las colinas de Kigoma en diciembre. Los niños juegan alrededor de las carpas cercanas.

Ntirabampa se ha reducido a un observador del campamento porque ya no puede realizar trabajo extenuante.

"Me lesioné al tratar de defender mi propiedad en Bujumbura. Debido a las lesiones, ya no puedo trabajar."

Después del incidente con su propiedad, Ntirabampa se fue de Bujumbura con su familia y llegó a Tanzania en julio de 2015. Desde entonces él ha dependido en su esposa para valer por la familia.

Región de Kigoma, Tanzania. Las mujeres moliendo la yuca en el campo de refugiados de Nyarugusu. Crédito por la imagen: Lynette Kamau, CICR          

A pesar de que él está agradecido por la ayuda que recibe, no está acostumbrado a estar inactivo y agradecería un cambio en la dieta de vez en cuando. Esto significa que su mujer tiene que ir en busca de la yuca, que se vende por 200 chelines tanzanos (10 centavos EE.UU.) después de haber sido molido.  Los pequeños ingresos ayudan a la familia a complementar su dieta.

“Yo tenía una granja grande y una cosecha fue suficiente para atender a las necesidades de mi familia. Ahora, dependo de los demás", Ntirabampa explica de su realidad.

El almuerzo está listo pronto y sus hijos se unen a él. Mientras que se sienta con su familia bajo una pequeña carpa, la desesperación en sus ojos es evidente.

Esta no es la primera vez que Ntirabampa ha sido refugiado en Tanzania. De hecho, es su tercera vez. Dos de sus hijos hasta nacieron en Tanzania. Las dificultades y la monotonía de la vida de los refugiados son dificultades que el padre de ocho hijos esperaba no enfrentar otra vez.

Ntirabampa y su esposa usan historias y canciones para recordar a sus hijos de la vida en Burundi mientras que la familia mantiene la esperanza de volver pronto a casa.

Convertirse en refugiado hace a uno vulnerable y lo expone a las dificultades, incertidumbre, enfermedad potencial, lesión o muerte. El CICR y el Movimiento de la Cruz Roja en general continúan ayudando a las personas que se convierten en refugiados o migrantes como resultado de conflictos armados o desastres que se ponen en contacto con sus familias y amigos a través de llamadas telefónicas o cartas. En el campo de refugiados Nyarugusu, se realizaron más de 100.000 llamadas telefónicas gratuitas en 2015.

El CICR sigue dando a conocer la difícil situación de los refugiados y los migrantes para asegurar que son tratados con respeto, dignidad y humanidad.

Para obtener más información sobre la reconexión de familias del CICR en Tanzania, por favor haga clic aquí.