Cuando un bote deteriorado es la única opción para unirte con tu familia

Historia por Mero Estefanos, Co-fundador de la Comisión Internacional de refugiados eritreos

 Traducido por Jimena Lona, voluntaria de traducción, Cruz Roja Americana, Washington, DC

Continuamente me sorprende lo alejada que esta la política mundial de las realidades de los refugiados y los solicitantes de asilo que se encuentran atrapados en la plétora de leyes, políticas y prácticas que se entrelazan para hacer su acceso a la seguridad casi imposible. De mis conversaciones con cientos de refugiados y solicitantes de asilo de Eritrea,  atrapados en el camino de la navegación hacia su seguridad, he concluido que las políticas de inmigración europeas por las que deben de pasar los refugiados es otra barrera que tienen que esquivar, llevándolos a tomar rutas ilegales y peligrosas para conseguir la protección, a la cual, legalmente tienen derecho.

 Este es el caso de muchos refugiados que desean unirse con sus familias. Por ejemplo, algunos países europeos solo conceden la reunificación familiar a personas que poseen un pasaporte válido de su país de origen.

 Fisseha (nombre no real), miembro de una organización política que se opone al régimen en Eritrea, vive en Francia, donde se le ha otorgado asilo. Su esposa e hija viven en Sudan y están extremadamente ansiosas ante el peligro impuesto por la presencia de agentes del régimen de Eritrea que en el pasado secuestro y forzó a las personas a regresar desde Sudan hasta Eritrea.

 Fisseha ha sido un disidente abierto y prominente del régimen, por lo que su familia jamás recibiría un pasaporte de Eritrea en Sudan. Sin tener otra opción, su esposa pago a unos contrabandistas para irse ella y su hija en un bote que salía de Libia el 30 de junio. Tres meses después, nadie ha sido capaz de rastrear el bote. Desapareció junto con la familia de Fisseha y 250 personas más.

 La familia de Fisseha no está sola en este camino de obstáculos. La difícil situación de Hiryti, a quien conocí por  medio de mi trabajo con victimas de tráfico de personas en Sinaí, comenzó cuando tenía cuatro meses de embarazo. Ella decidió unirse con su esposo en Israel. Cuando llego a Sudan, fue secuestrada y el rescate que se pidió fue de $30,000.

 Inevitablemente a su familia y redes personales les tomo meses poder recolectar ese dinero, mientras tanto ella era torturada y dio a luz a su hijo bajo esposas. Cuando finalmente fue liberada y llego a  Israel, los israelitas la deportaron a Egipto a pesar de saber que su esposo estaba en el país. De Egipto,  ella fue deportada de regreso a Eritrea.

 Nadie sobrevive ese tipo de embarazo y parto sin tener serias complicaciones de salud. Además, todos los recursos financieros de su familia se habían acabado, pero ella se mantuvo determinada a unirse con su esposo. Con el temor de volver a pasar por la dura experiencia de ser secuestrada, Hiryti y su esposo decidieron invertir en sobornar a los oficiales de Eritrea para conseguir un pasaporte y una visa de salida para que ella pudiera salir del país “legalmente.”

 Poco sabían, que una agencia de refugiados de las Naciones Unidas consideraría esa astucia como un indicador de que Hiryti no tiene la necesidad de protección bajo la convención de refugiados. Ella no puede ir a Israel y su esposo tampoco puede ir a Sudan. Sin una tarjeta de refugiado ella corre el riesgo de ser arrestada por los oficiales de Sudan y ser deportada a Eritrea nuevamente. Ahora Hiryti solo tiene una opción: intentar irse por Libia y cruzar el Mediterráneo hacia Europa. 

 Cada año, más familias son forzadas a intentar ir por rutas peligrosas e ilegales que junto con oficiales corruptos, contrabandistas y traficantes sin escrúpulos, políticas y prácticas internacionales y europeas ponen en peligro las vidas de  las personas a las que necesitan proteger. Hay una necesidad de unas políticas coherentes de inmigración y asilo,  es por eso, que las experiencias de personas que genuinamente están en necesidad de protección internacional deben de ser tomadas en cuenta.

 Este artículo fue publicado originalmente en el boletín semanal de ECRE, el 3 de octubre de 2014. Puede suscribirse al boletín semanal aquí.