Momento de la verdad, una eleccion que te cambia la vida: Voluntaria de la Cruz Roja tiene más de un motivo por su dedicacion

Stari Most es un puente en Mostar, Bosnia Herzegovina.  Fue destruido durante la guerra de Bosnia en los anos noventas. Su reconstruccion en 2004 simboliza la reconstruccion de las comunidades a traves de los Balcanes.  

Stari Most es un puente en Mostar, Bosnia Herzegovina.  Fue destruido durante la guerra de Bosnia en los anos noventas. Su reconstruccion en 2004 simboliza la reconstruccion de las comunidades a traves de los Balcanes.  

Traducido por Jimena Lona, voluntaria de traducción, Cruz Roja Americana, Washington, DC

Historia por Susan Fuchs, Voluntaria, Phoenix, Arizona

 Practicamente todos los humanos- sin importar su riqueza, cultura, poder o pobreza- tarde o temprano experimentaran ese momento decisivo que moldea la forma en que vivirán el resto de sus vidas.

 Casi siempre, esas ocasiones fundamentales vienen acompañadas por tragedia o terror, y como resultado esas decisiones que alteran la vida lógicamente son moldeadas por enojo o un deseo amargo de venganza.

 Pero algunas de esas penas son de igual manera una experiencia traumática y un momento de gracia, un instante donde conscientemente deciden que nunca serán como aquellos que causaron su sufrimiento. En lugar de eso, eligen dedicar su vida a hacer del mundo un mejor lugar.

 Una persona como esa es la voluntaria de la Cruz Roja Nejra Sumic.

 Cuando aún era una niña pequeña, hombres poderosos llegaron y se llevaron a su padre de su pequeño pueblo Ljubija en Bosnia a una serie de campos de concentración clandestinos. Su familia perdió su hogar, y fueron perseguidos, hambrientos y abandonados para morir.

 Su crimen inadmisible? Su fe era diferente a la de aquellos en el poder político.

 Pero después de un ano de terror y tormento, sucedió un milagro. La familia de Nejra fue rescatada y reunida por representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja, quienes sacaron a su padre de los campos y le dieron comida, ropa, techo, seguridad y, sobre todo, una vía para rehacer sus vidas.

 “Fue entonces que decidí que si alguna vez tenía la oportunidad, haría todo lo que pudiera por ayudar a la Cruz Roja a continuar hacer un mundo mejor,” dijo Nejra.

 Ahora una encantadora y brillante joven de 28 años de edad que obtuvo un título de maestría en Administración Publica, Nejra tiene el equilibrio y una madurez serena de alguien mayor.

 Quizá esto sea porque- no solo por elección- ella ha empacado más experiencia de vida que la mayoría de sus conciudadanos americanos que son por varias décadas mayores. Como dicen, no son los minutos los que hacen a una persona, son las millas que ha recorrido.

 Aunque siempre hay excepciones, la gran mayoría de los americanos con sus vidas libres de terror en barrios suburbanos que nunca han sido bombardeados no pueden imaginar lo que Nejra ha vivido.

 Hoy, incluso para Nejra, eso parece muy lejano. Pero no puede olvidar.

“Lo recuerdo muy bien,” dice tranquilamente. Tenía solo cinco años, pero estaba muy consiente. Escuchábamos los bombardeos. Podíamos ver la explosiones como relámpagos en la noche.”

La guerra de Bosnia que duro desde abril de 1992 a diciembre de 1995, causo mucha destruccion.

La guerra de Bosnia que duro desde abril de 1992 a diciembre de 1995, causo mucha destruccion.

 El arresto de su padre no estaba relacionado con activismo político, dijo Nejra. Lejos de ser un rebelde, su padre era un electricista que tranquilamente diseñaba planos de construcción para los sistemas eléctricos en el área rica en minas de mineral de hierro.

 Pero él y su familia eran musulmanes devotos en un área que había sido tomada por cristianos ortodoxos de Serbia. Su arresto fue parte de la campaña de limpieza étnica en Serbia que forzó la expulsión de miles de musulmanes indígenas  de Bosnia, Serbia y Croacia.

 El momento del arresto de su padre, 17 de Junio de 1992, fue siete meses dentro de la Guerra en Bosnia y solo cinco meses antes de la notoria Masacre de Srebrenica, el asesinato de más de 8,000 hombres y niños por las unidades del ejército de Serbia. El genocidio juzgado por el Tribunal Internacional de la Haya, la masacre reforzó la campana de limpieza étnica.

 Fue una mañana muy fría, casi invierno, cuando hombres con rifles llamaron a la puerta buscando a mi padre, Nejra recuerda. “Sabía que eran peligrosos.”

 “Mi abuela abrió la puerta y los hombres se llevaron a mi padre en una camioneta. Mi madre nos dijo que él no volvería, y nunca volvió a nuestra casa,” ella dijo. “Fue llevado a una serie de campos de concentración donde fue golpeado, paso hambre y fue torturado. Una vez fue prisionero de hombres con los que había trabajado en su propia oficina.

 “Sabíamos que debíamos de salir de ese lugar,” Nejra dijo. “Mi intrépida y valiente madre nos quería salvar. Así que huimos de Bosnia hacia Croacia.”

 Los soldados detenían a las familias que huían y confiscaban sus pertenencias. “Así que huimos con nuestro dinero cocido a las correas de nuestros overoles.

 “Mi madre mando a mi primo y a mí a la estación de autobuses y dijo que nos encontraría ahí,” Nejra dijo. “Pero nos separamos de la familia. Tenía mucho miedo. Cuando mi madre finalmente me encontró, sentí tal alivio que nunca quería separarme se sus brazos.”

 Juntos, se subieron a un “camión de semirremolque grande con los costados de tela,” recuerda. “Parecía como si hubiéramos estado en el camión de semirremolque por muchas semanas, pero finalmente llegamos a Croacia.”

 Ahí vivieron en una barracas de refugiados, 20 a 30 por cuarto. “Vengo de una familia limpia,” Nejra dijo. “Las condiciones eran asquerosas, incluso para una niña pequeña.” Para sostener a la familia, la mama de Nejra, una estilista, cortaba el cabello por comida.

 Un periodista británico escribió una historia sobre los campos de concentración en Serbia, en el describía como los prisioneros habían sido llevados a lugares secretos donde podían ser escondidos.

 “La Cruz Roja respondió a la historia de las noticias Británicas, Nejra dijo, y abrieron un dialogo con los Serbios para poder traer comida y ropas para los prisioneros.

 “Estaba nevando y las temperaturas bajo cero. Los prisioneros que no habían sido torturados o asesinados eran tan solo carne y huesos,” ella dijo. “La Cruz Roja les dio más comidas y comenzó a traerles ropa más caliente. Además, la Cruz Roja abrió las líneas de comunicación entre los prisioneros y sus familias al poder mandarse cartas los unos a los otros.”

Finalmente la Cruz Roja negocio un acuerdo entre los prisioneros y sus captores Serbios: Si los prisioneros aceptaban dejar todas sus propiedades y derechos de ciudadanía, ellos serían liberados con sus familias fuera de Serbia.

 Eventualmente, a través de la Cruz Roja, los refugiados comenzaron a tener noticias sobre los prisioneros que habían sido liberados. “Todas las noches íbamos a la sede central de la Cruz Roja para obtener las noticias.”

 Entonces una noche, justo antes de la media noche, seis meses después del secuestro de su padre, los autobuses comenzaron a llegar al campo de refugiados con cientos de personas en ellos. “Vi a mi padre con una chamarra de la Cruz Roja,” Nejra dijo. Había perdido 27 kilos.

 Pero Croacia ya no era un lugar seguro. La guerra se expandía por sus fronteras.

 “La Cruz Roja nos dio una lista de países a los que podíamos ir,” dijo Nejra. “Primero nos mandaron en un barco de la marino a través del mar Adriático y Mediterráneo hacia el sur de España. Ahí nos quedamos en un campo de refugiados por casi un año.

 “Después una familia de la ciudad de Hellín nos recibió y mi padre trabajo para una compañía de construcción. Mi tía y primo se nos unieron y vivimos ahí por tres años, todos aprendimos a hablar español.”

 Sin embargo, la economía de España estaba estancada, y había tan solo el suficiente ingreso para sostener a la familia. “Aplicamos a través de las Naciones Unidas para ir a Estados Unidos, y con la ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja, fuimos a Arizona en agosto de 1995,” ella dijo.

 Nejra tenía ocho años y estaba en la primaria. Era hora de aprender otro idioma. “Aprendimos inglés,” dijo. En el 2002, sus padres se convirtieron en ciudadanos americanos y Nejra, entonces una adolescente, se convirtió automáticamente en americana.

 Ahora con 28 años y en 2009 una graduada de psicología de la Universidad del Estados de Arizona y con un título de maestría en administración pública, Nejra es una entusiasta voluntaria de la Cruz Roja.  “Si no fuera por la Cruz Roja,” dice simplemente, “No estaría aquí. Y tampoco mi familia. Probablemente mi padre no estaría vivo y mi familia se hubiera muerto de hambre. No estaríamos juntos en un lugar seguro con un futuro lleno de esperanza.”

Pero no es solamente porque siente que le debe a la Cruz Roja por su vida, la vida de su familia, su seguridad colectica y un futuro esperanzador por lo que quiere trabajar con la agencia internacional de ayuda.

 Nejra está totalmente segura de una cosa: “No quiero que nadie experimente por lo que yo pase. Haría lo que fuera para prevenir que eso suceda. Y quiero que otros refugiados que actualmente viven bajo las mismas circunstancias sepan que hay esperanza y que pueden crear nuevas vidas para ellos mismos.”

“No debemos permitir que las cosas malas en nuestras vidas nos definan y que oscurezcan la bondad de la humanidad. Para tener paz y armonía en el mundo, no podemos permitirnos reaccionar con odio y violencia. Si no que tocando a cada ser humano con bondad, generosidad, perdón y amor. Y la Cruz Roja es una representación de eso.” Dijo Nejra. “Al trabajar con la Cruz Roja, puedo ayudar a transformar el mundo.”