Momentos de la Dignidad

Artículo de John Engedal Nissen, IFRC

El agua corre por el pequeño cuerpo de Hasar, un año de edad. Su madre, Ayaat, la sostiene mientras que su padre, Thaen, vierte el agua de una botella de plástico en su pelo rizado para enjuagar el champú. El baño, una actividad normal en su tierra natal de Siria, se considera un momento de lujo de la dignidad en su vida hoy en día como un migrante vulnerable.  

Hasar y su familia pasaron 10 días viajando a través de Turquía y Grecia para cruzar la frontera con la ex República Yugoslava de Macedonia, donde La Cruz Roja les ha proporcionado agua, alimentos, pañales y un kit de higiene. Sentada en una tienda de campaña, su hermana, de cuatro años de edad, Faten juega con los juguetes repartidos por una lona en el suelo.

“Nos sentimos como seres humanos respetados aquí. La ayuda hace una gran diferencia. Nuestras hijas pueden dormir y descansar”, dice Thaen y hace hincapié en que esto no ha sido el caso en el viaje hasta ahora.  

Las personas se han aprovechado de su situación, vendiéndoles agua y comida cara. Dormían en la calle. La policía les ha obligado a dar a sus hijas pastillas para dormir para que dejaran de llorar.

“Han estado muy asustadas y han llorado mucho”, dice Thaen.

La peor experiencia para la familia fue cruzando el mar de Turquía a Grecia. Tuvieron que pagar $1,500 cada uno para viajar en un pequeño y sobrecargado bote inflable a las 3 de la mañana.

“Rezamos a Allah el tiempo entero porque teníamos miedo que nos íbamos a ahogar,” dice Thaen.

Al llegar a la primera isla griega, el bote sufrio un pinchazo al golpear unas rocas bajo el agua. Empezó el caos y el barco se inclinó. Thaen trató de nadar con su hija mayor sobre sus hombros. Fue arrojado a las rocas por las olas, explica, mientras muestra las cicatrices en sus brazos.

“Nos hemos enfrentado a la muerte. El viaje ha sido muy difícil.”

Thaen y su familia vivían confortablemente en Aleppo, Syria. Ayaat trabajaba como enfermera. Thaen tenía su propia tienda vendiendo teléfonos móviles. Pero el conflicto les hizo imposible quedarse en Syria. Precios estaban aumentado, bombas estaban cayendo. Sus dos hijas vieron tanta pelea que empezaron a jugar guerra entre ellas.

“No querríamos criar a nuestras hijas en ese medio, así que nos fuimos de Siria por el bien de ellas. Solo necesitamos la paz para vivir una vida segura, pero casi no hay lugar en Siria.”

Ellos vendieron o perdieron todo, dice Thaen, para tener dinero para el viaje. Su destino final es Alemania, a donde se han ido una gran cantidad de sirios, y donde el hermano de Ayaat vive actualmente.

Por ahora, Thaen, Ayaat, Hasaar y Faten descansan por un rato, mientras esperan para coger un tren a la frontera con Serbia en su largo viaje.

 

La Cruz Roja de la ex República de Yugoslava de Macedonia ha estado respondiendo a la crisis migratoria en todo el país desde principios de junio de 2015 y ahora cuenta con siete equipos móviles de respuesta que trabajan todos los días 24/7.  

La Federación Internacional de Sociedades de la Media Luna Roja (IFRC) y La Cruz Roja han destinado 193.218 francos suizos de su Fondo de Emergencia para Desastres para ayudar a conocer las necesidades de emergencias y reducir las vulnerabilidades de los migrantes.