Una Elección Difícil, Un Poderoso Reconexión

Artículo de Fran Dutton, Coordinador Ejecutivo, Elkhart, Indiana

No hay una decisión más difícil que renunciar a un hijo, pero cuando la opción es abrir un mundo de oportunidades - una mejor atención médica, educación, empleo - para ellos, ¿Cómo puedes decir que no?

En 1976, José y María Perugachi se enfrentaron con esta opción. En un raro accidente, las manos de su hija, Norma Mercedes “Mechi”, fueron mordidas por un cerdo. Apenas escapando de la muerte, fue llevada a un hospital en Quito, Ecuador, donde una voluntaria del Cuerpo de Paz, Betty Stuart, la cuido hasta que sanó.

Desde el momento que Mechi fue puesta bajo su cuidado, Betty sintió una fuerte conexión con la niña. Incluso se la llevó a los EE.UU con una visa médica temporal para que pudiese someterse a una operación en su brazo y que éste pueda funcionar sin un gancho. A su regreso a Ecuador, Betty ofreció a adoptar a la hija de Perugachi. Ellos estuvieron de acuerdo.

Casi 40 años después, Mechi está viviendo en los EE.UU. Está casada con su esposo Brian y tienen dos hijos, Brianna y Joseph. Se le diagnosticó SCA2, un trastorno genético raro que afecta el equilibrio y la movilidad. Pero ella no ha dejado que eso la detenga, y mantiene una actitud positiva, sabiendo que muchos se enfrentan a sus propios retos cada día.

Su familia en Ecuador no se olvidó de su niña y con el paso del tiempo anhelaban volver a conectar con ella, pero no estaban seguros de cómo hacerlo. Entonces algo fortuito sucedió - hubo un artículo en el periódico sobre Mechi y su madre. No proporcionaba mucha información, pero fue suficiente para poder acudir a La Cruz Roja Ecuatoriana y abrir un caso en busca de su hija.

Ese artículo en el periódico siguió desempeñando un papel importante, ya que permitió a La Cruz Roja Americana encontrar a Betty, y luego a Mechi, en Indiana. Las dos estaban encantadas de que la familia en Ecuador las hubiera buscado para volver a conectarse. Aunque ninguna hablaba español, La Cruz Roja fue capaz de localizar un traductor y facilitar la primera llamada entre Mechi, su familia en los Estados Unidos y su familia en Ecuador.

Después de tres intentos de contactar a La Cruz Roja en Quito, finalmente la conexión pudo concretarse. No había electricidad en la habitación, todos contenían la respiración, con la esperanza de que la familia estuviera allí. Después de sólo un par de minutos estábamos conectados con la hermana de Mechi, Lucia, y para nuestra sorpresa, otra hermana, María. Ellos le dijeron que sus dos padres estaban vivos, y vivían a tres horas al norte de Quito, y que ahora tiene nueve hermanos y hermanas. Mechi también descubrió que su padre posiblemente tiene una enfermedad similar a la de ella, que se cree que se hereda a través de los padres. Todo el mundo intercambió direcciones, números de teléfono y contactos de Facebook. Hubo llanto, risa, y la esperanza de un día en el futuro poder estar todos juntos de nuevo.

La separación de las familias, ya sea causada por los conflictos, los desastres, la migración, o incluso una elección difícil, es una carga que nadie debería tener que soportar. La Cruz Roja trabaja para apoyar y fortalecer la resiliencia de las comunidades, asegurando que ninguna familia se quede pensando y preocupándose por el destino y el paradero de sus seres queridos.